No fumo un puro para hacer algo.
Lo fumo para dejar de hacerlo todo.
El ritual no es una técnica ni una secuencia.
Es una forma de estar.
El ritual comienza cuando decides parar.
No cuando tienes tiempo, sino cuando decides crearlo.
Ese gesto sencillo cambia todo.
Aquí, el puro no dirige.
Acompaña.
No impone ritmo ni exige atención.
Se adapta al momento que estás viviendo.
El ritual no entiende de urgencias.
Solo de presencia.
El tiempo deja de medirse y empieza a sentirse
El ritual puede ser íntimo o compartido.
Pero siempre conserva algo de silencio.
No todo necesita ser dicho.
Descubre un poco más sobre mí, sobre mi forma de ver este mundo y de cómo disfrutarlo.